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Reflexión: El dilema de los padres de la generación X

Se debaten entre desterrar las viejas normas que se impusieron en sus hogares y las de hoy.

el dilema de lo padresComo parte de la generación X (los nacidos entre 1964 y 1979), Marita Martínez, de 40 años, sabe que al criar a Rafael, de 5, y a Lucía, de 3, se enfrenta a la paradoja de los padres que quemaron el manual. La mayoría de los parámetros con los que ella creció cayeron en desuso. Y aunque no tiene reproches para hacerles a sus padres, enfrenta el desafío de educar con criterios que resultan opuestos a los de su propia crianza. “Crecí jugando en la vereda, andando en bicicleta; me pasaba la tarde en casa de amigos. Mis hijos, por el contrario, son mucho más de adentro”, dice.

Los cambios apuntan a esferas como la autoridad de los padres, la fijación de los límites, el respeto, el castigo y la relación con los otros.

En la formación de la generación Z –chicos que hoy tienen entre 3 y 15 años– se ponderan el diálogo, la disciplina positiva, la felicidad y el disfrute. Educarlos implica enfatizar que desarrollen también su faceta artística. En este patrón de crianza, la gran novedad es que la obediencia dejó de ser un valor. Así, los padres se enfrentan al dilema de querer que los chicos tengan un espíritu de rebeldía, pero que, al mismo tiempo, hagan caso.

“Las madres, hoy, oscilamos entre la culpa y la autoindulgencia –reconoce Marita–. No sabemos poner límites o conseguir que un no sea realmente no, sin ser autoritarios. Ese es el gran tema pendiente de esta generación”. Son tiempos de ‘hijocracia’.

Lo que enfrentamos

La Nación consultó a varios especialistas para entender las contradicciones con las que se enfrenta esta generación.

“Fuimos educados de una forma en la que ya no confiamos, pero no tenemos mucha idea de lo que queremos hacer o de lo que conviene a nuestros hijos”, dice Maritchu Seitun, autora del libro Latentes: qué hacemos por nuestros hijos durante esa etapa en la que creemos que no nos necesitan, que aborda la crianza entre los 6 y los 11 años y que acaba de publicar el sello Grijalbo, de Penguin Random House. “¡Nuestra confusión es clarísima! Y no es fácil salir de los métodos que usaron con nosotros porque es lo que tenemos grabado. Queremos hacer algo distinto, pero el chip que tenemos en el cerebro y nuestro manual de instrucciones son los viejos”, diagnostica Seitun.

Susana Mauer, psicoanalista y docente de la maestría de Familia y Pareja del Instituto de Salud Mental de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APA), completa la idea: “Los cambios de paradigma son tan veloces que entre una generación y la siguiente la distancia es abismal. Al mundo adulto le cuesta entender la conectividad como un modo permanente de las nuevas generaciones”.

Su colega Mónica Cruppi, especialista en vínculos y miembro de la APA, agrega: “Hemos pasado de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control; de los vínculos sólidos a los líquidos; de un contexto mecánico a uno digital; del consumo al hiperconsumo. La cultura actual plantea exigencias y grandes inseguridades para los adultos. A la luz de nuevas teorías, muchos padres educan a sus hijos de manera opuesta a la que ha sido su educación”.

Los puntos que siguen son algunos paradigmas que cambiaron entre una generación y otra.

1. De ‘la autoridad soy yo’ a la ‘hijocracia’.Los padres abandonan la verticalidad, pero no saben establecer límites sin sentirse autoritarios. En cambio, buscan que lo fije o enseñe un tercero (la escuela, un profesor, un psicólogo). “Se dejan los límites en manos de otro, sin darse cuenta de que, al igual que el autoritarismo y el dejar hacer, significa una caída en la función paterna”, explica Cruppi.

2. Un universo de decisiones más amplio.En la infancia de los que pertenecen a la generación X era muy acotado. En cambio, hoy, los hijos deciden desde la ropa que van a vestir hasta, incluso, el destino de las vacaciones familiares.

3. La felicidad como meta.¿Qué se espera de los hijos? El objetivo pasó del “que sean personas de bien” a “que sean felices”. Antes se enseñaba el valor del sacrificio. Hoy, el foco está puesto en el placer. “En la nueva generación perdimos la enseñanza de la felicidad que se construye con sacrificio. Lo que nosotros queremos para ellos es que sean felices. Punto”, confiesa Marita Martínez.

4. El respeto cambió de significado.En la plaza, un chico llena de arena a un hombre sentado en un banco. Hace 30 años, el padre pedía disculpas. Hoy, si el adulto afectado por la impertinencia del niño protesta, el padre exigirá respeto hacia su hijo con un ‘es un chico’. Estamos más enfocados en enseñarles a hacerse respetar que en transmitirles el respeto a los demás, explican los especialistas.

5. Del castigo físico a la disciplina positiva.La X es una generación que creció cuando las palizas eran moneda corriente. Ahora resultan inaceptables. Y hasta están prohibidas por el Código Civil.

6. Aprender de nuevo qué es la familia.Las nuevas generaciones de padres tienen que replantearse sus propias nociones de familia. Deben ser capaces de transmitir y entender las nuevas composiciones, que pueden ser mamá y mamá; papá y papá; mamá, mamá y papá. Mamá sola, papá solo. Abuela, hija y nietos, etc.

7. Hijos únicos seriales. Muchos de los representantes de la generación X tienen hermanos que les llevan apenas un año o dos de diferencia. Eso hizo que compartieran juguetes, amigos e incluso ropa. Hoy es más común ser hijo único. Esto moldea la personalidad del chico, que no llega a ser desplazado del centro de la escena familiar.

8. Padres tercerizados.Se busca ser un padre presente, pero tercerizar –si se puede– la parte más aburrida de la paternidad: el baño, la comida, hacer la tarea, la limpieza de la casa y el traslado hasta el colegio, entre otras actividades. “Suena bien, pero podemos perdernos momentos fascinantes”, explica Seitun.

 9. La televisión omnipresente.Hoy se convive con el televisor encendido todo el día, sin que sea socialmente negativo. Y hay sobreexposición a otras pantallas, como tabletas y celulares.

10. La generación que no duerme.La hora de ir a la cama se volvió un límite difuso. Y esto tiene efectos como una mayor propensión a la obesidad y a la baja autoestima.

11. ¿Ensuciarse hace bien?. La generación X convive con el mandato transmitido por años de que había que cuidar la ropa, de la misma manera que dejar comida en el plato era un pecado mortal.

12. La acumulación y el descarte.Montañas de juguetes en desuso alimentan el interrogante de los padres. ¿Qué hacer con tantos? La reflexión que subyace es que la generación X no tenía tantos juguetes, pero jugaba más.

EVANGELINA HIMITIAN
La Nación (Argentina)

Tomado del periódico El Tiempo

Domingo 20/09/15