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Fraternidad Universal, toda una vida creciendo

Fraternidad Universal, toda una vida creciendo

Con motivo de los 50 años del Colegio Buen Consejo, la comunidad educativa quiere exaltar la labor de una mujer soñadora y servicial, Sor Alicia Ibáñez. Ella ha sido parte fundamental de la historia del colegio, fue Directora por más de 15 años y además Superiora regional de Perú y Colombia. Actualmente se encuentra en Rionegro-Antioquia, siendo parte activa de la congregación desde la misión que ahí desarrollan.

En pasados meses se le entrevistó para conocer y comprender qué la motivó a educar en la ciudad de Barranquilla, y por supuesto, cuál ha sido la evolución de la obra social y educativa en estos 50 años.

P: Nos puede compartir ¿cuál es su misión en este momento?

R: Es una misión muy bonita que me ha tocado después de estar tanto años en el Buen Consejo y en la Providencia, o sea, fíjate ahora nos dedicamos a acoger a los grupos de niños que vienen para convivencias durante la semana; a acoger grupos de oración que vienen todos los fines de semana; a trabajar con toda el alma por construir la parroquia que se encuentra en proceso de construcción a base de empanadillas; llevar la comunión a los más ancianos que yo y a los que están en peores condiciones físicas que yo; y también preparar lectores para la proclamación de la palabra en el santuario en la capilla.

P: Ahora queremos saber a profundidad quién es Sor Alicia. ¿Quién es usted? ¿Siempre quiso estar en la vida religiosa? ¿Cuál fue su motivación? 

R: Siempre no, porque cuando fui joven, niña no pensaba nunca en esto; aunque yo siempre he tenido un atractivo especial con Dios, Dios para mí ha sido muy importante siempre. Pero también al mismo tiempo que era Dios muy importante, era también la preocupación por el mundo ¿Qué es de este mundo? ¿Qué tengo que ver con este mundo? me he preguntado siempre y en la vida religiosa fue sencillamente por una carta que recibí de una hermana que me hizo descubrir mi vocación. Pero una de las motivaciones más fuertes fue siempre qué podía hacer, qué me pedía Dios que hiciera por este mundo. 

P: Nos podría contar un poco sobre la carta que recibió.

R: En esa carta me decían que ya me habían despedido del colegio, ya había terminado el bachillerato e iba a comenzar a trabajar; y me hicieron el siguiente interrogante: “¿No te parece que tienes vocación para la vida religiosa?”. Entonces esa pregunta me hizo pensar mucho y afirmó mi deseo de hacer algo por los demás, de estar en misión.   

P: ¿Siempre quiso estar en la vida religiosa? ¿Cuál fue su motivación? ¿Puede compartirnos algo de su historia vocacional? 

R: Pues sí, sí. Recuerdo que, mi historia vocacional desde aquel entonces ha sido algo una trayectoria, un camino muy bonito para mí y les puedo decir que si yo volviera a nacer sería también hija de Santa María de la Providencia por todo lo que el Señor me ha regalado de gozo, de felicidad dentro de esta vocación. Entonces me ha regalado algo muy importante, la vida de misión, ser misionera; al poco tiempo de hacer mis votos perpetuos me dijeron si quería venir a América, en ese entonces sería en Perú, la selva alta del Perú. Yo lo comenté con mis padres a ver qué pensaban ellos y me dijeron: “Hija si es tu deseo, vete”. Eso fue el comienzo de toda mi vida, de toda mi vida religiosa, porque la vocación no es estática, la vocación no es algo que surge en un momento y ya, la vocación es de día a día, todos los días esa vocación se renueva; y se renueva mucho en dos lugares, con la oración, el contacto íntimo con Jesús y después en la misión, en el entusiasmo por la misión.  

P: ¿Qué la motivó a usted para llegar acá? 

R: Nos motivó la posibilidad de hacer misión. Nosotras somos educadoras por naturaleza, y un colegio tan bonito como El Buen Consejo nos llamó mucho la atención; y pensamos que podíamos ser ahí unas educadoras de esta sociedad de Barranquilla, de esta juventud que venía al colegio Buen Consejo. Fueron años muy duros para el colegio Buen Consejo, el 92, 91, 90, unos años duros de incertidumbre, había conjeturas de todo tipo, y los papás querían tener seguridad de que unas religiosas iban a adquirir el colegio Buen Consejo. Y así, sentimos de verdad que los padres de familia nos recibieron con todo el cariño. Estábamos Sor Conchi, Sor Rosa y yo, llegamos las tres en esta fecha que les he comentado y la verdad fue que recibimos el primer ramo de flores y el más bonito de mi vida, lo hemos recibido las tres hermanas de

parte de los padres de familia del Colegio Buen Consejo en octubre del año 1992; el más bonito que he visto en toda mi vida. Con eso les digo todo el cariño que nos manifestaron y nosotros nos encontramos en ese primer momento muy a gusto, encantadas con el colegio, ahí comenzó nuestra tarea educativa. 

P: ¿Cómo empieza el sueño de la fraternidad universal?

R: Somos educadoras pero somos educadoras según el Evangelio. El Evangelio de Jesús para nosotras es lo más importante. Y según ese evangelio, así también tenemos que educar. ¿Qué nos pasaba? Que veíamos que había muchos barrios pobres y decíamos. “bueno, qué tal si hacemos un colegio en un barrio donde se nos necesite, y los padres y las niñas del Colegio Buen Consejo nos ayudan en esta misión”. Y así fue. Comenzamos a visitar barrios, generalmente nos pedían ayudas económicas hasta que llegamos al barrio y alguien nos dijo: “Sor por favor ¿no podrían construir un colegio para nuestros hijos? no tenemos ningún lugar para que se eduquen”. Y eso nos llegó al alma y dijimos: “este es nuestro lugar. Dar a estos niños la posibilidad que mañana sean alguien en la vida y sean también constructores de una sociedad nueva”. Y así con la ayuda de nuestros padres de familia, estudiantes y profesores hemos sacado adelante esta obra social y extendernos a una zona más vulnerable, a una zona inicialmente poblada por personas desplazadas por todo tipo de violencia, en donde instruimos a todos los niños y jóvenes que se acercan a nuestra escuela Elisabeth Vassal. 

P: Muy significativa ha sido la experiencia educativa y formativa de la Congregación. Sin duda alguna esto trae consigo evolución y la educación es un punto fundamental, ¿educar es algo estático o se transforma con el tiempo?

R: La educación nunca es estática, incluso aunque no se transformara no es estática porque es puro dinamismo porque la reciben y la imparten personas vivas, personas que tiene ilusión de educadoras, que saben lo que supone dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar. La educación es algo que alcanza el alma, que no puede quedarse en matemáticas, en francés y en inglés, no, alcanza al punto del alma  hace que esas personas o tienen que hacer que esas personas que reciben educación sean forjadoras de un futuro para la sociedad en que viven.   

Es que a esto tiene que llevar la educación, a ser ciudadanas de un futuro, ciudadanas buenas, ciudadanas que lleven la esperanza a la gente y que, sean motivos de fe, ciudadanas para las personas que viven en Barranquilla, de tener unas ex alumnas como las que tenemos en la sociedad, que están metidas en políticas, que saben de política y que lo hacen muy bien; que tienen grandes cualidades. Esto es algo que queremos siempre, nuestras alumnas no pueden quedarse dormidas, nuestras alumnas tienen que tener visión de futuro, tiene que tener la pasión en su corazón, la pasión de hacer una sociedad mejor, querer, amar tanto a su Barranquilla, a su país que no se queden tranquilas sino que hagan todo lo que esté de su parte hasta que las cosas vayan mejor. 

P: Este año se celebran dos grandes acontecimientos, los 50 años de fundación de Colbuenco y los 25 años de Santa María de la Providencia, ¿Qué siente usted en su corazón?, ¿cómo vive estas dos grandes celebraciones?

R: Pues soñando aún más con la fraternidad, convencida que nuestra misión no terminó ahí. La misión Buen Consejo, Santa María de la Providencia, no terminó ahí. Siempre hijas, siempre tenemos que tener el pensamiento en la gente que sufre, en los más pobres. La fraternidad nos parece que es sencillamente una respuesta al Evangelio, al deseo de Jesús: en Jesús todos somos hijos y hermanos. Ojalá todas ustedes queridas alumnas del Buen Consejo, muchas de ustedes quieran seguir con esta misión hasta crear una Barranquilla  fraterna, una Barranquilla  alegre, la arenosa fraterna, la arenosa solidaria, la arenosa valiente que quiere seguir adelante.

Por: Mariana Christiansen y Carolina Mazzillo